Hoy en Bolivia, tal como en muchos otros países a lo largo de la historia, cristianos se preguntan: ¿Debo callar ante un gobierno que dice que el Dios de la Biblia no existe? ¿Debo estar en silencio ante un tirano dispuesto a todo para aferrarse al poder? O, ¿Tan solo debo someterme cuando el gobierno ataca el derecho del no nacido o la santidad del matrimonio?

Juan el Bautista perdió la cabeza por hablar en contra de los abusos del Rey Herodes.

Jesús llamó bienaventurados los que tienen “hambre y sed de justicia”. También atacó abiertamente al liderazgo judío, la cual le costó la vida.

Pablo y Pedro hablaron de orar por el gobierno, pues bajo Roma no existía democracia y lo único que quedaba era orar. Aún así, ambos hablaron en contra de abusos de la sociedad propagadas y practicadas por el gobierno, tal como apostando sobre las sangrientas luchas de gladiadores, la práctica abierta y compulsoria del homosexualismo y pedofílio, orgías horripilantes, y glotonería excesiva mientras que la mayoría del mundo vivía o como esclavos o en pobreza absoluta.

José, Daniel, Esdras, Ester, etc. participaron en cargos de suma importancia en la política de varios países, poniendo en riesgo su propia vida para defender la libertad.

Ni hablar de ejemplos de la actualidad de cristianos luchando en contra de injusticias. ¿Quién quitó la venta de esclavos en Inglaterra? William Wilberforce, un parlamentario cristiano. ¿En los EEUU? Abraham Lincoln, un presidente cristiano.

¿Hubieras escondido a judíos del gobierno nazi durante la Segunda Guerra Mundial? ¡Los cristianos fueron los primeros en hacerlo!

Algunos nos verán como hipócritas si estamos dispuestos a orar por la justicia, pero no a trabajar para defenderla. Peor de todo, podríamos dar a entender que no nos importa el sufrir de otros.

Oremos por nuestro país y por nuestro gobierno, pero también podemos salir a las calles como pacifistas a dar comida a todos, sin tomar en cuenta su punto de vista político, ayudar a los más afectados y así demostrar el amor de Dios de la cual tanto hablamos del púlpito.

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