La Navidad se centra en la maravillosa y a la vez extraña historia del nacimiento de Jesús. La secuencia de estos eventos está muy recalcada en nuestras imaginaciones, pero quizá en nuestra emoción hemos sobrepasado varios detalles críticos. Por ejemplo, los eventos no ocurrieron en invierno, sino probablemente en primavera, ya que sería imposible tener a pastores cuidando su rebaño al aire libre en tales meses. Por otra parte, los reyes magos no llegaron hasta uno o dos años después, evidenciado por el hecho de que Herodes mandó a matar no tan solo a niños recién nacidos. Además, no se usaban hoteles ni hostales en ese tiempo; José se habría dirigido a la casa de algún pariente ahí, pues su familia provenía de Belén. Su familia, tan descontenta con su esposa “infiel”, le habrían brindado probablemente el peor sitio en la casa, la cual ya estaba repleta de familiares que habrían llegado para el censo obligatorio.

Es en esta incomodada y sufrida situación para la joven pareja que intentaremos dar vida a la sagrada Encarnación, momento que transformaría por siempre el destino humano:

Hace mucho tiempo atrás, una jovencita de los montes de galilea quedó embarazada en las peores de circunstancias. Aunque este niño que llegaría a ser el mayor regalo de la humanidad, el precio a pagar sería casi insoportable. María cargaría con la posibilidad de muerte, con miradas crueles y con labios llenos de chismes por el resto de su vida. Su propio comprometido dudaría de ella y sus queridos padres no la entendían. Todo a causa de ese niño, un niño no deseado.

Su esposo José no tuvo alternativa más que llevarla a su pueblo, en el peor de los tiempos. Belén quedaba a días de viaje sobre un burro, hecho aún peor porque ella estaba a punto de dar a luz. La familia de José, todos reunidos por el censo obligatorio, no estaba a gusto con sus decisiones, pues pensaban que estaba con una mujer infiel. A duras penas aceptaron que se queden en la casa, pero le relegaron al corredor frío, junto a los animales y su comedero lleno de paja sucia. Todo a causa de ese niño, un niño no deseado.

La madre, postrada de dolor y apretando con pánico las manos a su esposo, dio a luz en el peor posible momento. Sus gritos, en lugar de lograr la compasión de su familia, solo los hizo rechinar y taparse los oídos bajo sus sábanas. Debajo del cielo abierto, con lágrimas en sus ojos, esta jovencita vio el rostro de este niño que le había costado todo. Su esposo los sostuvo en sus brazos, orando con ella a un Dios que parecía haberles dejado sin familia y sin esperanzas. Usó unas ropas viejas para hacer tiras y así tapar al inocente niño, un niño no deseado.

En las praderas, bajo ese mismo cielo nocturno, Dios la había visto, pues jamás la había perdido de vista. De pronto incontables números de ángeles en todo su esplendor, bajaron entre las nubes para llenar el horizonte con su majestad. Cantaron como nunca se había cantado, hasta que los aires retumbaban de los himnos más sublimes jamás oídos sobre este globo terrestre:

“Gloria a Dios en el cielo más alto y paz en la tierra para aquellos en quienes Dios se complace.”

               Pastores humildes, descansando sobre los troncos de los árboles, de pronto oyeron las voces, bajando sus turbantes sobre sus pechos, mientras que lágrimas corrían por sus rostros. ¿Por qué tanto gozo en una noche tan fría y obscura? Todo el poder y la gloria y la majestad fue elevada en adoración a ese a ese niño, un niño no deseado.

“El pueblo que camina en oscuridad verá una gran luz… y sus habitantes se alegrarán… Pues tú quebrantarás el yugo de su esclavitud y levantarás la pesada carga de sus hombros. Romperás la vara del opresor… Las botas de los guerreros y los uniformes manchados de sangre por la guerra serán quemados… Pues nos ha nacido un niño, un hijo se nos ha dado; el gobierno descansará sobre sus hombros, y será llamado: Consejero Maravilloso, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Su gobierno y la paz nunca tendrán fin. Reinará con imparcialidad y justicia… por toda la eternidad.”

La Navidad es una promesa de un mundo mejor, pues por sus llagas fuimos nosotros curados. Fuera de la oscuridad brotó la gloria del Rey de Reyes, el esplendor de Jesús el Salvador, escondido en el rostro del niño, un niño no deseado.

2 comentarios sobre “Un niño no deseado”

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